Ressenya de
la inauguracio
EL SUECO
3 DE FEBRERO
1929
Ha tenido por fin, realidad lo que el
gran patricio don Emilio Carrasquer García soñara, y cumpliéndose su voluntad
procurose dar al acto la mayor solemnidad; y en verdad a que fue completa,
Autoridades primeras de la provincia, de nuestra Ciudad y todos sus habitantes
formaron un solo núcleo que no hizo sino alabar lo que es muy justo de loa: un
rasgo de altruismo que ha dado a Sueca posesión de uno de los mejores edificios
escolares de la provincia. La alocución del Alcalde tuvo eco y vimos lucir
colgaduras y engalanarse el pueblo como para una fiesta. A la hora de las once
se congregaron en la Casa Ayuntamiento el Concejo, autoridades
e invitados y fueron en comisión acompañados de los Exploradores y bandas de
música de Riola y La Armonía de Poliñá, a la plaza de la Libertad donde
esperaron a las Autoridades provinciales que venían en auto, y de cuya salida de
Valencia ya se tenía aviso. El disparo de carcasas y un volteo general de
campañas anunciaron la proximidad de los ilustres visitantes, llegando el Exmo
Sr. Capitán general de la Región don Alberto Castro Girona, excelentísimo señor
gobernador civil D. Cristino Bermúdez de Castro, excelentísimo señor marqués de
Sotelo, alcalde de Valencia, excelentisimo señor don Joaquín Ros, rector de la
Universidad, don Joaquín Vila, secretario del Comité Unión Patriótica y el
teniente coronel de infantería, ayudante de S.E. don Abelardo Grajera.
Previo los saludos de rúbrica se
dirigieron tan ilustres señores al Ayuntamiento, donde tuvo lugar una recepción.
Los continuos aplausos obligaron al señor Castro Girona a saludar desde el
balcón de las casas consistoriales, siendo contestado por una ovación del
numeroso gentío que completamente llenaba la plaza de la Constitución.
Dio motivo a muy justos elogios la
visita de varias dependencias de nuestro Ayuntamiento, sobre todo, del salón de
Sesiones, despacho del Alcalde y la nueva escalera de mármol, cuya belleza hacen
culminar dos artísticos faroles en su comienzo.
Al llegar a las Escuelas Carrasquer,
pudimos contemplar un espectáculo por demás tierno y emocionante; el tributo de
gratitud de los realmente festejados en este día: los niños, pues congregados
por las representaciones de las escuelas Nacionales y privadas, toda la infancia
de Sueca, con banderitas nacionales que hacían ondear y con aplausos y vivas que
no cesaban, formaron la escolta que a tan ilustres visitantes acompañó en su
estancia en tan atractivo sitio.
En tribuna apropiada que se levantó en
el salón de actos de las Escuelas, se asentaron las autoridades y acto seguido
el Reverendo cura don José Ferrándiz bendijo el local. En el altar que en el
mismo sitio se levantó al efecto, dijo misa el decano de los Beneficiados don
Mariano Marqués, siendo amenizada con canto y armonium y terminada ella, comenzó
el acto de la entrega, leyendo el culto maestro nacional don Vicente Figuerola,
secretario del albaceazgo, una documentada memoria en la que se refleja la
plausible pulcritud con que dichos señores han procedido en sus actuaciones. No
podía esperarse menos. Fue muy aplaudido.
El Sr. Cura, en nombre del Albaceazgo,
hizo entrega del edificio y tuvo unas elocuentes y piadosas frases de recuerdo
para el generoso donante, a quien se debe tan magna obra.
Después usó de la palabra la maestra
nacional doña Rosa Vives y, como primera autoridad en enseñanza, el Rector de la
Universidad quien manifestó su satisfacción por presenciar acto que tanto
dignifica a los pueblos; y, precisando el verdadero concepto de lo que es la
Universidad, madre amantísima, cuyo manto acoge todas las palpitaciones del
saber, ofreció su incondicional apoyo. Una larga ovación siguió a sus últimas
palabras.
El alcalde don Manuel Carrasquer,
pronunció un elocuente discurso que, muy justamente, fue fuertemente aplaudido y
el Excelentísimo señor Capitán General, emocionado, dirigió breves pero
sustanciosas frases, haciendo resaltar el camino que deben seguir los pueblos,
preocupándose de la educación de los hijos, para formar una generación que,
inculcada de sanos principios nos lleve a una patria grande. Vivas y aplausos.

Al visitar las dependencias no pudieron
menos que exteriorizar su grata admiración por la apropiada intención y acierto
que se nota en los menores detalles, y no hay que decir que, al hablar del
conjunto, preguntaron por los arquitectos autores del proyecto, felicitando a
los mismos, don Julián Ferrando y don Emilio Artal.
En uno de los claustros del Asilo de
Desamparados, que no necesita ningún adorno para aumentar su magnificencia, se
sirvió por el Ideal Room un estupendo banquete a Autoridades e invitados.
Terminada la comida, visitaron
seguidamente el local de Unión Patriótica, donde tuvo lugar un acto de verdadera
trascendencia por definirse situaciones que hacían estar a nuestra amada Ciudad
en uno de esos momentos por los que pasan los que, bondadosos y callados, dejan
que el tiempo descorra velos y, a buena luz, se distinga la diferencia entre los
que quieren con la lengua y los que lo hacen de corazón. Vayamos por partes:
Esperaron a tan ilustres visitantes la
Directiva y tan gran número de socios que resultaba pequeño el salón. El
presidente don Vicente Carrasco, leyó unas bien escritas cuartillas,
manifestando cómo se sentía honrada Unión Patriótica con tal distinción. Hablo
después don Joaquín Vila, secretario del comité de Valencia, manifestando su
complacencia al encontrarse rodeado de tan considerable número de amigos.
El
Sr. Marqués de Sotelo, al levantarse a hablar, tuvo la satisfacción de oír una
formidable ovación que se repitió de trecho en trecho, ahogando las palabras
finales de sus frases, y subió de punto al terminar. Toda sinceridad, manifestó
cómo se sentía complacidísimo de la cariñosa acogida que se les había tributado
y del entusiasmo franco y alentador que en calles y actos no había cesado ni un
solo momento. Lo aceptó, más que tributado a sus personas, como exteriorización
de la satisfacción del pueblo que bien orientado, idolatra en sus gobernantes
que quieren llevarle a la cumbre, no pudiendo menos que tener y dedicar un
sentido recuerdo para la gran figura iniciadora de este movimiento, el ilustre
Marqués de Estella, para quien dio un viva que fue seguido por los que los
socios dieron a España, al Capitán General, a Valencia, al Gobernador y al
Marqués de Sotelo.
Y entonces, que parecía todo terminado,
fue cuando, espontáneamente, Pepito Montó dirigió la palabra y oímos lo más
sabroso de la tarde, cuando dijo: que en el arrobamiento del cariño no los
querían por las nubes, ni contrariamente a ras del suelo: "os llevamos en el
corazón, aunque no sepamos expresarlo con grandes hipérboles". Y dijo que Sueca
es la que ha sido siempre, la matrona callada y discreta que en el silencio
labora y hace patria, y no necesita ser, para adquirir nombre, la doncella
coqueta con deseos de figurar; y por ello, si alguna hermana con el deseo de ser
más lo hizo, restando honores a quien los tiene bien ganados, es cosa que la
discreción de los que mandan debe distinguir.
Supo muy bien recoger tales frases el
Excelentísimo Marqués de Sotelo y dijo: quien como él, presenció la acogida que
a un miembro de la familia Real, el Príncipe de Asturias, se le hizo en nuestra
Ciudad, nunca puede dudar, por mucho que le digan, del espíritu que a sus
moradores informa, y en tal concepto tenía y seguirá teniendo a Sueca.
El Rector de la Universidad, Sr. Ros,
dirigió la palabra manifestando el entusiasmo que le había despertado la cultura
de que daba muestras el pueblo de Sueca.
Terminó el acto el capitán general Sr.
Castro Girona, con una sentida alocución patriótica, animando a seguir por los
caminos trazados por nuestro pueblo, que son la norma para llegar a una patria
grande.
Abriéndose paso entre la apiñada
muchedumbre, que llenaba la calle de Sagasta, subieron tan ilustres autoridades
en los autos, y a los acordes de la marcha Real y con vivas a España y Valencia,
fueron despedidos, dejándonos, al par que lamentando la ausencia, muy
satisfechos de las pruebas dadas por nuestra Ciudad con su Ayuntamiento a la
cabeza, y de ser ya una realidad lo que soñara nuestro eximio patricio don
Emilio Carrasquer, para quien muy justamente fueron todos los loores del día.
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